miércoles, 25 de abril de 2012

Extraño

DEXTER: ¿Tienes algún sueño para tu vida, tu futuro?
RITA: Claro, ¿y tú?
DEXTER: Puede sonar raro, pero algún día quiero sentirme satisfecho, cómodo, como los demás. Quiero...
RITA: ...una vida normal.
DEXTER: Sí, una vida normal.
RITA: Eso es lo que yo quiero, sólo eso.
DEXTER: Nada de fama, fortuna ni emoción en cada esquina.
RITA: No, yo ya he tenido suficiente emoción, gracias. Prefiero lo aburrido.
DEXTER: Lo común
RITA: Lo ordinario
DEXTER: Es extraño, ¿no?
RITA: Sí...

Dexter, capítulo 1x05: "Amor al estilo americano"




Debe ser duro ser tan diferente que llegues a soñar con ser "normal", sentir que nadie logrará comprenderte y complementarte porque eres demasiado único como para encontrar otra pieza del puzzle que encaje contigo.
Siempre nos enseñaron que ser auténtico y original era bueno, pero jamás nos dijeron lo que se siente al oír: "No encajas con el mundo y lo que no encaja me da miedo".
Nadie habló nunca de la presión social sobre las minorías, que acaba degenerando en un subjetivo y discriminatorio encasillamiento a todo lo que sale del estándar, ni sobre la globalización mundial aplicada a las personas, que acaba convirtiéndolas en poco más que borregos que comparten el mismo corte de pelo, la misma ropa y hasta los mismos tatuajes...
Las diferencias individuales se han limado hasta el punto que se considera como defecto todo aquello que no está dentro del canon establecido, obligando a las personas más independientes a adaptarse a los límites impuestos.
Makinavaja dijo: "En un mundo podrido y sin ética, a las personas sensibles sólo nos queda la estética". Pues bien, yo digo que siempre hemos de ser especiales en algo, por pequeño que sea. Hemos de procurar que cada momento de nuestra vida sea mágico, sea quien sea la persona que tengamos al lado, porque eso hará que nuestro recuerdo no muera con el tiempo. 
La muerte no llega con la vejez sino con el olvido y, al fin y al cabo, son esos momentos los que nos harán inmortales...


Frase del momento: "Todo mundo quiere tener un amigo, pocos se toman la molestia de ser uno..."

jueves, 19 de abril de 2012

Decisiones

Decides un camino para trazar tu vida.
Decides tu propia aventura, como en los libros de la infancia.
Decides dar un paso y no otro y, para saber si has elegido el correcto, miras atrás, desandas lo andado, buscas en tus recuerdos y entonces descubres cómo se ha forjado tu carácter, cómo has llegado a ser lo que eres.
No puedes escapar de tu pasado: eres el resultado de tus experiencias, de tus orígenes, de los amores que quedaron atrás y, sobretodo, de tus errores.
Volviendo al primer día comprendes que tus padres, tus amigos, tus profesores, tu educación y otras muchas cosas han orientado tu camino, pero han sido tus errores los que han acabado marcando la dirección definitiva.
Al fin y al cabo la clave no es cómo solucionar los problemas, sino cómo superar los errores para lograr seguir adelante...


Resulta curioso analizar la complejidad de ciertas decisiones:
Hay veces en las que tomamos una decisión, rápidamente la llevamos a la práctica y resulta ser la correcta.
No obstante, también ocurre al revés: podemos reflexionar años sobre algo y, aún habiéndolo analizado desde todos los ángulos posibles, acabar equivocándonos.
También podemos meditar las cosas muchísimo y, a pesar de haber tomado una decisión mucho tiempo atrás y tener la certeza de acertar, siempre se vuelve a plantear antes de llevarla a cabo.
Escribiendo esto me vienen a la cabeza unas palabras que utilizaba hace unos años, cuando trabajaba como ayudante de monitor de deportes de riesgo y aventura.
Algunas personas se "bloqueaban" antes de hacer un salto al agua desde 12 metros de altura y, cuando estábamos los dos sólos después de haber saltado todo el mundo, siempre les decía:
"Hemos recorrido un camino bastante duro para llegar hasta aquí. Si te lo piensas, nunca te atreverás a saltar porque sinceramente creo que ni yo mismo lo haría. Sin embargo, si no lo piensas saltarás y no sólo podrás disfrutar de algo único, sino que no te arrepentirás durante el resto de tu vida de no haberte atrevido a hacerlo"
Mucho tiempo atrás tomé esta decisión y sin embargo soy consciente de que a veces lo mejor es replantearse las cosas antes de hacerlas, por muy seguro que se esté.
Aún así, pese a estar ya sobre la plataforma y preparado para saltar, no hay un sólo día en el que no valore todos los pros y los contras antes de levantarme de la cama dispuesto a dar ese salto...

Frase del momento: "Lo mejor es perseguir cosas imposibles, luego cuando ya no lo haces tu vida es un aburrimiento."

domingo, 15 de abril de 2012

Sacrificios

¿Qué estaríamos dispuestos a sacrificar por un/a novio/a?¿Cuánto vale para nosotros un amigo?
No, no es la típica pregunta retórica que se salda con la cínica respuesta de "cualquier cosa". Me refiero a qué estaríamos dispuestos a ofrecer de verdad...
Es curioso, pero la mayoría de personas nunca nos hemos planteado realmente este dilema porque dábamos por supuesta la respuesta.
Está claro que por ellos haríamos cualquier cosa que no supusiera un gran inconveniente para nosotros, al igual que (a los tontos nos gusta pensar así) haríamos por cualquier otra persona que necesitara de nuestra ayuda.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando sus intereses y los nuestros chocan frontalmente? Ah amigo, ahí tenemos un problema... Y no hablo de ir a echar una mano en una mudanza cuando estamos en casa agustito y no nos apetece cargar muebles, hablo de cuando el sacrificio es renunciar una buena oportunidad en la vida, o llorar de rabia por algo. Para mí, ese es el verdadero sacrificio.
Estoy seguro de que más de uno ha visto morir una relación especial con una persona (sea amigo o pareja) por no estar dispuesto a pagar el precio que esa relación supone. Hay muchos precios, dependiendo de la relación: unas piden dedicación exclusiva (todos conocemos el caso de algún novi@ en extremo celoso), otras piden simplemente no recibir más puñaladas de las estrictamente necesarias. Y, por suerte o por desgracia, no siempre podemos o queremos pagar ese precio, por alto o bajo que sea.
Ahora veámoslo desde el punto de vista contrario: ¿cuántos de nosotros estaríamos dispuestos incluso a renunciar a esa persona a la que tanto queremos, por saber que estando a su lado le estamos haciendo daño? Y más aún, ¿alguno sería capaz, después de apartarla, de comerse las ganas de volver a verla? Difícil respuesta...
Quizá sea romántico en exceso, pero creo que el máximo nivel del amor (en el sentido amplio de la palabra) es aquel en el que eres capaz de renunciar a tu bienestar personal en favor del de otra persona.
Ahora viene la ironía del asunto: aunque sepas lo mucho que quieres a esa persona en el momento de apartarla, ella seguramente nunca llegará a entenderlo y no sólo eso, sino que lo más probable es que te odie por hacerlo.
¿Y pensabas que eso era todo? No, señor. Ahí es cuando entramos en el momento realmente jodido: en el que te das cuenta de que eras feliz a su lado, de que una de las personas a las que más quieres en tu vida te odia por algo que haces por su bien, y de que nunca volverá a ser lo mismo... Es cuando te sientes solo y empiezas a dudar de si has hecho bien, si realmente sientes lo que crees que sientes, si esa era la mejor solución. Y no sólo eso, sino que aunque estés completamente seguro de que eso es lo mejor, nunca te sentirás bien porque no sólo has hecho daño a esa persona tan importante sino que, al mismo tiempo, ya no la tienes a tu lado para ayudarte en estos momentos...
Sinceramente, me gustaría poder acabar este "artículo" con algún consejo final, un párrafo que cerrara el tema o algún tipo de conclusión, pero si realmente supiera cómo poner fin a esto, estoy seguro de que no hubiera sentido la necesidad de escribir sobre ello...


Frase del momento: 
"- ¿Cómo es Nunca Jamás?
 -Algún día, te llevaré"

miércoles, 11 de abril de 2012

El precio de la felicidad

Todos, alguna vez, nos hemos visto en la necesidad de tomar una decisión arriesgada.
Una decisión importante, de esas que pueden cambiar el resto de tu vida, en las que te juegas el todo por el todo.
Es como si vas conduciendo y, de repente, ves que estás a punto de chocar con alguien que se cruza delante tuyo. Sólo hay dos opciones posibles: frenar y esperar que el daño sea lo menor posible, o acelerar para intentar pasar ileso antes de que te cierren el paso completamente.
Pues bien, en la vida ocurre algo parecido porque suelen plantearse las mismas dos opciones: una más segura, basada en la minimización del riesgo y otra mucho más peligrosa, que ofrece las mejores recompensas.

Personalmente, aunque algunas veces he caído, siempre he elegido la opción difícil.
Siempre la más arriesgada, pero no lo he hecho esperando obtener ese gran tesoro. La verdadera razón para elegirla una y otra vez ha sido no darle a mi conciencia la oportunidad de echarme en cara algo que no hice porque, como dice la canción, "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió".
Quizá pienses que es cuestión de valentía porque, como leí hace años, "la verdadera senda de los valientes es su derecho indiscutible a la autodestrucción".
Dirás que hay que ser muy valiente para arriesgarlo todo a una sola carta, pero tal vez sea al contrario: quizá se es demasiado cobarde para enfrentarse a una sola noche más pensando "¿qué hubiera pasado si me hubiera atrevido...?"

No creo en los valientes. Al menos, no en los de ese tipo.
Muchas veces confundimos el valor con el anhelo de felicidad de las personas y el sacrificio que están dispuestas a realizar para conseguirla.
La verdadera valentía consiste en poner en peligro la falsa felicidad con la que nos hemos conformado, emprendiendo un camino hacia la que realmente merecemos...

Todos hemos nacido predestinados a algo bueno, sólo hay que atreverse a aceptarlo.
Quizá incluso antes de nacer, en una vida anterior, ya estaba escrito nuestro destino, por eso no podemos esperar a otra vida para lograr ser felices...
¿Yo? Seguiré arriesgándome.
¿Y tú? ¿Te atreverás a ser feliz?

 Frase del momento: "A ti te hacen las canciones aposta, ¿verdad?"

lunes, 2 de abril de 2012

Volviendo a las viejas costumbres

El sano hábito de lectura, la escritura como medio de expresión (válvula de escape), la puta manía de darse cabezazos contra las paredes... Son costumbres que, si bien parecían olvidadas por una razón u otra, hoy vuelven de nuevo a mi vida.
La lectura siempre fue uno de mis vicios, relegado muy a mi pesar a un segundo plano por la falta de tiempo libre.
La escritura se vio sustituida por la perniciosa costumbre de compartir pensamientos con gente que, salvando escasas pero muy honrosas excepciones, ofrece menos respuestas que el propio folio en blanco.
En cuanto a lo de dar cabezazos en las paredes... Ah! Ese ya es otro tema...
Responde a la incomprensible necesidad de elegir batallas perdidas de antemano, perderlas, torturarte por no haberlas ganado, lograr olvidarlas y al cabo de dos días volver a combatir hasta ser derrotado de nuevo.
Debe ser algún extraño caso de adicción al fracaso: esa droga que destroza a la gente pero aún así, a algunos idiotas nos deja con ganas de repetir...
Es como una puerta. Una puerta por la que intentamos entrar una y otra vez pero que a cada intento se va haciendo más y más pequeña.
Y silencio. Silencio interrumpido únicamente por el sonido del dolor de tu propia impotencia, aplastándote por no lograr entrar... Y de fondo, una risa ensordecedora que se clava dentro de tu cabeza, una risa que parece disfrutar recordándote no sólo que nunca podrás entrar por ella, sino lo imbécil que eres por intentarlo.
¿Por qué no olvidar la puerta? Quizá sea por la maldita adicción al fracaso, quizá por la vana esperanza de conseguir entrar algún día, o tal vez por el irrefrenable deseo de seguir luchando por causas perdidas que, al fin y al cabo, siempre fueron mis favoritas...
Al fin y al cabo, entre el príncipe azul de los cuentos de hadas que, montado en su blanco corcel, va en busca de un dragón contra el que luchar y el idiota al que le gusta enfrentarse a sí mismo aún sabiendo que va a perder, ¿qué diferencia hay?

domingo, 1 de abril de 2012

Para empezar...

Hoy me he decidido a crear este blog, en parte animado al ver los de mis amigos Javi y Carlos. Siempre he tenido tendencia a hacer cosas parecidas, pero hoy me he decidido a compartirlas con alguien más que mi propia soledad.
Realmente no sé en qué acabará esto: no sé si lo utilizaré a menudo, si me olvidaré de él a las dos semanas, si a la gente le gustará y me pedirá que siga escribiendo... Hoy por hoy, lo único que sé es cómo empieza: como medio a través del cual descargar mis desvaríos sin tener que molestar a nadie para que los escuche. En cierto modo, son palabras en el viento...
Supongo que espero que os guste a todos vosotros, aquellos para quien soy un poquito especial y quizá incluso alguien importante en vuestras vidas, pero realmente parto en este viaje con la idea de una larga marcha solitaria aunque llena de historias que poder contar...
Imagino que a algunos os parecerá aburrido, a otros cursi, algunos os mostraréis indiferentes e incluso habrá alguien a quien le disguste lo que escriba, pero sinceramente este blog no va dedicado para esa gente, sino para quien de verdad esté interesado en mi batalla cotidiana.

A todos vosotros, un abrazo enorme.

PD: Con todo esto no quiero decir que me olvide de todas esas personas a las que quiero, ya que estaré encantado de leer vuestros comentarios sobre lo que escribo ya sea aquí, o en el tuenti. De hecho, estoy segurísimo que esos comentarios me animarán a seguir escribiendo durante mucho más tiempo...