Seré breve: esto es una despedida.
Posiblemente ya era consciente, en mi inconsciencia, cuando creé el blog: ha llegado el día en el que tengo que dejar de escribir palabras en el viento (aunque siempre sé que lo fueron) porque no puedo seguir viéndolas perderse como lágrimas en la lluvia.
Quizá esto fuera un don, como algunos decís, pero tengo que renunciar a él. Es demasiado difícil ser "especial" (por llamarlo de alguna manera), sin un punto al que dirigir mi vida...
Abrí este blog con la finalidad de volcar en él mis pensamientos y emociones, pero con los últimos acontecimientos prefiero acabar con el blog de una forma digna y no acabar convirtiéndolo en un espectáculo penoso y cargante.
Tal vez sea el momento de buscar esos objetivos que siempre he rechazado: un buen sueldo, un coche grande, un cuerpo danone... Es posible que sea el momento de dejar de soñar y conformarme con las cosas fáciles de conseguir.
Intentaré convertirme en un triste punto gris más, en una diminuta y sucia pincelada de la vida, sin destacar ni desentonar. Intentaré ser uno más, quizá así encuentre la felicidad.
Como dije al principio: esto es una despedida.
Está será muy probablemente la última entrada que se publicará en el blog. Tal vez me de por escribir de nuevo de aquí unos meses o cree otro y no comparta la dirección con nadie, no lo sé, pero "Castillos de Arena" ha muerto.
A todos aquellos a los que esto os importaba, lo siento.
Frase del momento: "Nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida. Guarda los mejores, olvida los demás."